miércoles 29 de abril de 2009

El Santo Ateo

Padezco hemorroides y falta de perspectiva, así que no puedo desandar lo andado ni ser recalcitrante. Mis dolencias me asfixian sobre todo alrededor de la hipófisis y del glande, de tal modo que aborrezco cualquier movimiento, cerebral o mecánico. Por mi falta de perspectiva, cuando avanzo hasta un punto concreto no puedo retrotraerme y entonces no se me revelan ni el significado global de las cosas ni las crudezas de la abstracción. Por ejemplo, no puedo eyacular porque no soy capaz de poner en perspectiva el acumulado de mi excitación previa; el último jadeo vale tanto como el primero y no como la suma de los anteriores. En el cine es incluso peor, los finales son insípidos y la butaca me produce un intenso dolor en el culo. Con todo, mi visión de lo preciso puede ayudarme en la vida. Hoy he avanzado hasta un punto concreto y ahora me encuentro sin opción de recular. Admito que mis sentimientos son confusos, pero no puedo ordenarlos.  Lo que veo es como el sectarismo suicida de una madre. Cierro los ojos, y pienso en la prestidigitación del alma, pero aquel punto permanece. Si me acerco, me desvío aun más del enfoque. En este caso me encuentro ante un objeto concreto pero simbólico, algo como el horizonte o el muro de Berlín. Intento alejarme, a duras penas, y por el rabillo vislumbro la ligereza del ser humano, hambriento de perspectivas; como yo. Veo una muralla blanca, tan grande como la historia, y a la humanidad esperando a que se desvanezca, como mi alma. Entre la humanidad, hay un hombre que aporrea la muralla con sus puños y cabeza. Sin ningún resultado, es demasiado gruesa. Él tampoco tiene perspectiva, podría brincarla o sortearla, pero ¡Coño! Al menos lo intenta.


La religión, por ejemplo, es uno de los sintomas de la falta de perspectiva 

1 comentarios:

antonieto dijo...

genial. Creo que ademas yo tambien sufro de fata de perspectiva O por los menos mis sintomas coinciden.