martes, 5 de agosto de 2008

La increible historia de Pepe Historias 01x01 (Parte VI)

- Este es un vino para beberlo en compañía - Habló Pepe Historias con un tinte de pesimismo en la voz, no era para menos, al oporto no le quedaban más de tres vasos ¡Que velada más insólita! Recordó que mañana vendría Lourdes, la chacha. Debería recogerlo todo antes de dormir ¡Qué fastidio! Antes pondría música o la radio. Se sentía con ganas de escuchar algo melódico, bastante clásico; quizá un Cd de bandas sonoras, algo moderno. Enchufó la minicadena y le sopló el polvo al disco. Acarició al gato y coño, le dio el último sorbo a la cuarta copa. Se sirvió una quinta y puede, esperaba al menos, que no fuese la última. Casi le gustaba la vista y que su cuarto fuera naranja, “él solo en una habitación vacía y naranja”. Volvería a llamar a Elena, eso haría, y después...Os contaré el plan de pepe: primero le diría lo del vino, pues a su salud se había empecinado las tres últimas horas, le soltaría de nuevo que es para beberlo en compañía:

- Pepe, estoy reunida – Diría ella

- Ven Elena.

- Voy Pepe – Diría. Tan sencillo.

Él acabaría su quinta copa, y así fue, y serviría las dos últimas. La esperaría media hora más, ella picaría a la puerta, muy sigilosa, solo rozándola y en dos golpes. Pepe andaría lento hasta el pomo, justo antes de tomarlo, daría la vuelta y abriría dos o tres ventanas, para que corriese el aire y, con suerte, a Elena se le batiesen los rizos. Abriría la puerta:

- Hola Elena.

- Pepe, tu pelo.

- No he despedido al peluquero – Reirían – Aun me queda un poco.

- ¿Y el vino?

- En la mesa. Pasa.

- Gracias, ¿Puedo desnudarme? – Diría ella.

- Deja el abrigo donde quieras. Yo me pondré la peluca.

Se sentarían en aquella mesa redonda que Pepe tiene en el salón. Hablarían un rato, de esto y lo otro, como antes, del tiempo. Cómo me gusta el verano madrileño. Yo prefiero irme al campo. Iremos al cine y nos dormiremos viendo las estrellas en Gran Vía. Solos tú y yo. Sí. Pepe. No has cambiado. Pepe. Ahora ella le besaría. Beberían el vino. Primero de su copa y luego de la copa del otro. Volverían a besarse:

- Este vino es para beberlo en compañía - Lo dirían los dos. Entonces.


EPILOGO

Lo cierto es que Pepe acabó la botella, sólo, y se fue a dormir. Los humos de Lourdes ya le aspiraban, y el ruido infernal de ese chisme. No durmió más de cuatro horas. La iba a despedir. Entonces se levantaría el polvo y le vendría la alergia, con la alegría esperando, en doble fila.

FIN

(Esta es una historia oficial de Pepe Historias corregida y confirmada por Pepe Historias - Todos los derechos reservados)

3 comentarios:

Renacuajo dijo...

Me encanta Pepe Historias, bueno, no él, sino su forma de ser. Creo que estas historias deberían ver la lunz Nahuel!!!! Son buenisimas

Fernando Elola dijo...

Un placer leer su blog, Señor Nahuel. Un saludo!

Sally Hayes dijo...

Pepe te he leído y te detesto tanto como me encantas, he decidio querer tomar el vino contigo.( no quiere decir esto que hayas dejado de producirme rechazo)